Elbrus cumbre de Europa, relato y fotos del ascenso en julio de 2010

Elbrus, cumbre de Europa

El viaje no comienza al aterrizar el avión. No comienza al sellar el pasaporte.

El viaje no comienza siquiera cuando uno empaqueta cuidadosamente sus pertenencias en la maleta.
Comienza antes, mucho antes. Cuando un nombre se cuela en nuestras mentes: un conjunto de letras que nada describen pero todo lo evocan: Elbrus, Cáucaso, Rusia

El viaje comienza en nuestras mentes e irremediablemente empezamos a recorrer con nuestra imaginación los vericuetos de sus valles y laderas. Olfateamos sus flores y saboreamos sus aguas. Pero este viaje está basado en suposiciones preconcebidas, necesarias para poder afrontar lo más absolutamente desconocido.

Abrimos el atlas o rotamos la bola del mundo hasta que el dedo índice se topa con nuestro destino. El Cáucaso se yergue altivo entre dos grandes mares: el mar Negro y el mar Cáspio, el lago donde el Volga vierte tanta cantidad de agua que se le considera un mar. Parece una auténtica muralla levantada en tiempos prehistóricos para aislar dos regiones físicamente tan diferenciadas como Europa y Asia. Una barrera tan alta que ha aislado y enfrentado a dos pueblos que han vivido de espaldas a tan majestuosa expresión de la naturaleza.

Y sobre todas esas cumbres relucientes, las dos cimas del Elbrus, apartadas de la línea de la cordillera, como si fuese una atalaya desde la que observar y controlar todo lo que ocurre a lo largo de esta insólita muralla.

Alguno de estos pensamientos tuvo que tener el hombre que sembró el terror en Europa a final de la década de los años 30 cuando fijó su obsesión en este particular torreón y envió sus huestes a su conquista. ¿Foco de vanidades o enclave estratégico?

La región es un conglomerado de pueblos e identidades sumidos bajo la férrea idiosincrasia de la política comunista de la Unión Soviética, que se despereza ante el mundo tras un largo letargo.
Las gentes que habitan las faldas del Elbrus son toscos y duros, orgullosos de su pasado. Pero todo esto no son más que tópicos, preceptos preconcebidos que llegan a nosotros y que influyen en nuestro viaje inicial.

En mi viaje al Cáucaso, encontré una tierra auténtica, aislada todavía del frenesí comercial que cabalga por occidente. Encontré unas gentes toscas y duras, sí, pero nobles y con una envidiable cultura. Encontré unas montañas majestuosas, con agujas verticales, cumbres nevadas y profundos glaciares.

Encontré un reto, otra vez, contra mí mismo, que me motiva a seguir viviendo de forma intensa, buscando la aventura allá donde se encuentre, como si fuese un nómada del nuevo siglo.

Mi viaje al Cáucaso comenzó con tópicos infundados y aún ahora, tiempo después de deshacer la maleta, sigo viajando por esos valles, sigo recordando el olor de sus flores y el sabor de sus aguas, pero esta vez mi mente busca en el baúl de los recuerdos y me devuelve imágenes y sensaciones nítidas y auténticas.

Y así será por siempre, porque los viajes no terminan cuando el avión aterriza o cuando expira el visado, ni siquiera cuando nos encontramos automatizados en la rutina, porque las experiencias vividas con los compañeros que se animaron a romper con los tópicos de su mente, se mantienen frescas y nítidas en la retina.

David Neira
ANTIS OUTDOOR® consultants

Para informarte acerca de nuestra próxima expedición al Elbrus el 18 de agosto de 2012 INGRESA AQUÍ


Elbrus Cumbre de Europa – julio 2010

About Author

client-photo-1
ANTIS outdoor

Comments

Deja un comentario